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Del episodio al universo: cómo se construyen hoy las marcas infantiles exitosas

La evolución del entretenimiento infantil confirma que el episodio ya no es el centro del negocio. Lo central es la capacidad de construir mundos donde los niños puedan permanecer, explorar e identificarse.

Durante décadas, el éxito del contenido infantil se midió en episodios producidos, en ratings y en su presencia en canales de televisión. Hoy, esa lógica quedó atrás. En un ecosistema dominado por plataformas digitales, aplicaciones, experiencias inmersivas y comunidades globales, las marcas infantiles más sólidas ya no se construyen como simples series, sino como universos narrativos multiplataforma.

Este cambio de paradigma es especialmente visible en Latinoamérica y en el mercado hispano de Estados Unidos, donde proyectos nacidos de una identidad cultural clara han logrado expandirse más allá de la pantalla tradicional para convertirse en franquicias de alcance internacional. El fenómeno confirma una tendencia central de la industria: el futuro del entretenimiento infantil se define por la capacidad de crear experiencias continuas, no solo contenidos aislados.

En el marco del Kidscreen Summit, estos modelos se consolidan como referencia para productores, distribuidores y plataformas que buscan entender cómo conectar con una audiencia cada vez más fragmentada y digitalizada.

Del contenido al ecosistema: un nuevo modelo de marca

La audiencia infantil actual no distingue entre televisión, YouTube, juegos o aplicaciones. Para la llamada Generación Alpha, el entretenimiento es una experiencia integrada: ver, jugar, cantar, interactuar y compartir forman parte de un mismo universo.

Las marcas exitosas responden a esta lógica con tres pilares fundamentales: multiplataforma desde el diseño, no nacen solo para un canal; propósito educativo y emocional, conectan con familias, no solo con niños; y construcción de comunidad, generan vínculo, no consumo pasivo.

En este contexto, varios casos provenientes de Latinoamérica y del mercado hispano estadounidense ilustran con claridad esta transformación.

Plim Plim: de serie educativa a franquicia global

Uno de los ejemplos más contundentes es Plim Plim, un proyecto que comenzó como una serie musical educativa y se transformó en un ecosistema de entretenimiento integral para preescolares.

Lejos de limitarse al formato televisivo, la marca expandió su narrativa hacia YouTube, plataformas de streaming, aplicaciones educativas, libros, productos licenciados y espectáculos en vivo. Este recorrido demuestra cómo una IP puede crecer cuando su universo narrativo se apoya en valores claros: empatía, hábitos saludables, amistad y aprendizaje.

El fenómeno Plim Plim se explica por su capacidad de combinar entretenimiento con contenido formativo, algo especialmente valorado por padres y educadores. Su expansión internacional confirma que una marca nacida en Latinoamérica puede competir en el mercado global si construye una identidad sólida y coherente.

Más que un personaje, Plim Plim se convirtió en un entorno de aprendizaje emocional y social, un espacio donde los niños no solo consumen episodios, sino que interactúan con un mundo reconocible y constante.

El Reino Infantil: cuando YouTube es el punto de partida

Otro caso paradigmático es El Reino Infantil, una marca que demuestra que el origen digital no es una limitación, sino una ventaja estratégica.

Nacida en YouTube, esta propuesta se consolidó como uno de los mayores fenómenos de consumo infantil en español a nivel mundial. Su fórmula combina música, personajes fácilmente reconocibles, repetición narrativa y una fuerte conexión emocional con su audiencia.

Con el tiempo, la marca expandió su presencia hacia televisión, canales FAST, plataformas OTT y licencias comerciales, construyendo un ecosistema que va mucho más allá del video on demand. El Reino Infantil ilustra cómo el algoritmo puede ser el punto de partida de una franquicia cuando existe una estrategia clara de marca.

Este modelo revela una lección clave para la industria: hoy el éxito no depende solo de acuerdos con broadcasters, sino de la capacidad de construir comunidades digitales fieles que acompañen la evolución del contenido hacia nuevos formatos.

Dora la Exploradora: el modelo que anticipó el futuro

Antes de que se hablara de universos transmedia, Dora, la exploradora ya proponía una experiencia interactiva y multicultural. Su combinación de aventura, aprendizaje y bilingüismo la convirtió en una de las IPs infantiles más influyentes de las últimas décadas.

Dora no fue solo una serie: fue una marca que se expandió hacia películas, productos, música, parques temáticos y, recientemente, nuevas plataformas digitales. Su longevidad demuestra que cuando una IP se construye con una identidad clara, puede adaptarse a múltiples generaciones y formatos.

Este caso anticipó la lógica actual del mercado: personajes que dialogan con la audiencia, universos narrativos consistentes y expansión continua más allá de la pantalla original.

Un nuevo modelo de negocio

El cambio también impacta en la monetización. Antes, el recorrido de negocio era lineal: serie, canal y publicidad. Hoy, el modelo es circular: IP, universo, múltiples ingresos. Las fuentes de negocio incluyen: plataformas digitales, licencias de productos, aplicaciones educativas, experiencias en vivo, eventos familiares, retail y editorial.

Este enfoque diversificado reduce la dependencia de una sola ventana de exhibición y fortalece la sustentabilidad de las marcas. En un contexto donde la competencia por la atención es feroz, las marcas que sobreviven son aquellas que entienden que los niños no solo miran historias: habitan universos.

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