Mientras YouTube se consolida como el mayor distribuidor de consumo televisivo en Estados Unidos, el Mundial 2026 muestra cómo los creadores deportivos están redefiniendo la relación entre audiencias, broadcasters y plataformas.
Adquirir los derechos de transmisión de un Mundial de Fútbol fue tradicionalmente el pasaporte del éxito para el negocio audiovisual, porque quien transmite los partidos se supone tiene todas las oportunidades de monetizar más y mejor. Hoy en día, el negocio ha dado un giro que dejó atónitos a los poseedores de derechos y es básicamente que la gente elige ver la previa, los partidos y comentarios posteriores, en entornos que manejan otras dinámicas.
El Mundial de la FIFA 2026 se está convirtiendo en la mayor demostración de ese cambio. Mientras las grandes cadenas continúan concentrando las audiencias de los partidos en vivo, una nueva generación de creadores digitales está capturando millones de espectadores antes, durante y después de cada encuentro, construyendo comunidades capaces de competir con medios tradicionales por el tiempo y la fidelidad de los aficionados.
No se trata únicamente de un fenómeno latinoamericano. Es una transformación que ya reconocen empresas como Nielsen, Deloitte y la propia YouTube, cuyos ejecutivos sostienen que los creadores están dando forma a una nueva etapa de la industria audiovisual.
En su Media Distributor Gauge, Nielsen informó que YouTube se convirtió en 2025 en la empresa con mayor participación del consumo televisivo en Estados Unidos, superando a grupos históricos como Disney, NBCUniversal, Paramount y Netflix. En abril alcanzó el 12,4% del tiempo total de visionado televisivo y, pocos meses después, amplió ese liderazgo hasta el 13,4%, el registro más alto desde la creación del indicador.
El dato ayuda a entender por qué el crecimiento de los creadores deportivos ya no puede analizarse únicamente como un fenómeno propio de las redes sociales. Cada vez más, YouTube se consume desde el televisor del hogar y compite directamente con la televisión tradicional por el tiempo de pantalla.
El propio CEO de YouTube, Neal Mohan, reforzó esa idea durante su keynote en Cannes Lions 2025. «Los creadores son las startups de Hollywood», afirmó al describir una nueva generación de empresas creativas capaces de producir contenidos, construir audiencias y desarrollar negocios propios. En la misma presentación añadió otra frase que resume la estrategia de la plataforma: «Los creadores están construyendo la nueva televisión».
Mohan también reveló que más de 1.000 millones de horas de contenido de YouTube se consumen diariamente en televisores, y que en más de la mitad de los cien canales más vistos de la plataforma el televisor ya es el principal dispositivo de reproducción.
Según un informe elaborado por SCi (Streaming de Contenidos de Iberoamérica) y difundido por Forbes Argentina, durante la primera semana del Mundial el 68,9% de las visualizaciones deportivas en YouTube correspondió a creadores nativos digitales, mientras que los medios tradicionales concentraron el 31,1%.
Entre los casos más destacados aparece el argentino Davoo Xeneize, que lideró el ranking regional con 132 millones de visualizaciones. En Brasil, el fenómeno alcanzó una escala aún mayor con CazéTV, el proyecto encabezado por Casimiro Miguel, que acumuló 677 millones de reproducciones durante el mismo período, según el relevamiento de SCi.
Más que una competencia directa contra la televisión, los datos muestran cómo los creadores se han convertido en una nueva capa de distribución y conversación alrededor de los grandes eventos deportivos.
Durante el Mundial, CazéTV volvió a romper récords de audiencia digital, alcanzando 18,5 millones de dispositivos conectados simultáneamente durante un partido de la selección brasileña. Al mismo tiempo, TV Globo mantuvo una audiencia superior a los 56 millones de espectadores, demostrando que el crecimiento del streaming no implica necesariamente una caída equivalente de la televisión abierta.
La convivencia de ambos modelos refleja una realidad cada vez más frecuente: el aficionado ya no consume únicamente el partido. También busca análisis tácticos, reacciones en vivo, comentarios de sus creadores favoritos, podcasts, clips y contenido detrás de escena.
El encuentro dura noventa minutos. La conversación puede extenderse durante días.
Para Deloitte, ese cambio responde a una transformación más profunda del negocio deportivo. En su 2025 Global Sports Industry Outlook, la consultora sostiene que la competencia por la atención de los aficionados se ha intensificado y que organizaciones deportivas, medios y plataformas deberán invertir no solo en derechos audiovisuales, sino también en experiencias digitales, análisis de datos, contenidos complementarios y nuevas formas de interacción con las comunidades.
Lo que antes se consideraba contenido secundario —programas de análisis, podcasts, watchalongs, documentales, clips para redes sociales o transmisiones alternativas— comienza a convertirse en un activo estratégico para prolongar el ciclo de vida comercial de cada evento.
La monetización deja de concentrarse exclusivamente en la transmisión en vivo y se distribuye a lo largo de todo el ecosistema de contenidos que rodea al deporte.
Otro dato del Global Sports Report 2025 de Nielsen ayuda a explicar por qué este cambio resulta tan relevante para anunciantes y titulares de derechos.
El informe identifica una diversificación acelerada del consumo deportivo y concluye que las audiencias son cada vez más multiplataforma, mientras que los grandes eventos globales —como la Copa Mundial de la FIFA 2026— representan oportunidades para conectar con nuevos públicos mediante estrategias que integren televisión, streaming, plataformas digitales y creadores de contenido.
En ese contexto, los creadores ya no funcionan únicamente como comentaristas independientes y se convierten en distribuidores de atención. Construyen comunidades propias, generan conversación permanente y prolongan la relevancia comercial de los derechos deportivos mucho más allá del silbatazo final.
Un negocio que ya cambió
La televisión continúa siendo el principal escenario para las transmisiones en vivo y los derechos audiovisuales siguen representando el activo más valioso de la industria deportiva. Pero el Mundial 2026 confirma que el negocio ya no termina cuando comienza el partido. La atención del público se distribuye entre múltiples pantallas, plataformas y voces.
Los broadcasters conservan los derechos; los creadores dominan buena parte de la conversación. Más que una sustitución de modelos, la industria parece estar entrando en una nueva etapa en la que el valor ya no dependerá únicamente de quién transmite el evento, sino también de quién consigue acompañar a la audiencia antes, durante y después de cada partido.