Más allá del laboratorio en sí, Impulsar funciona como una señal de época: un intento por intervenir en el tramo más frágil de la cadena audiovisual, el desarrollo de proyectos. Además, lo hace con una mirada federal, diversidad de géneros y conexión directa con los actores que pueden convertir una idea en producción.
El cuello de botella más conocido de la industria audiovisual es: cómo dar ese salto de una idea creativa al desarrollo real de una producción. Bajo un contexto industrial complicado, la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina en articulación con el Fondo Netflix para el Desarrollo de las Habilidades y la Industria Audiovisual, han puesto en marcha el Laboratorio Impulsar, un programa federal de desarrollo audiovisual pensado para nuevas generaciones de cineastas.
El proyecto apunta a una de las brechas más persistentes del sector: cómo pasar del aula o la intuición creativa al acceso concreto a la industria. Ya seleccionaron 14 proyectos de distintas regiones de Argentina y los llevan ahora a una etapa de formación, mentoría y visibilidad profesional que culminará en un encuentro presencial con referentes del negocio.
La convocatoria se diseñó junto a universidades y áreas de Cultura de todo el país para evitar que sólo llegaran ideas de la Ciudad de Buenos Aires, como suele suceder con este tipo de programas. La respuesta fue masiva: más de 150 proyectos llegaron desde las distintas provincias argentinas, confirmando que la demanda existía, pero no tenía canal. De ahí salieron los 14 finalistas: siete largometrajes y siete miniseries.
Así lo comentaron en entrevista con ttvnews, Sabrina Farji, Pablo Ingercher y Martín Desalvo, miembros de la mesa directiva de la Academia de Cine Argentina.
Martín Desalvo, revisor de cuenta de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina, lo resume desde adentro de la propia institución: «Había una altísima demanda, sobre todo, de cómo llegar de verdad a la industria».
Más allá de la logística, la curaduría dejó una lectura generacional que interesa tanto a analistas de contenido como a compradores de catálogo. Pablo Ingercher, secretario de la Academia, identificó un eje temático recurrente entre los proyectos: la herencia no elegida, familias fracturadas y estructuras personales o sociales percibidas como agotadas. «La pregunta recurrente parece ser, menos quién quiero ser, a qué hago con esto que recibí sin haberlo elegido», explicó.
El catálogo de géneros es, sin embargo, deliberadamente amplio: comedia de tercera edad, romance, narrativa queer, cine fantástico, thriller político, terror, animación infantil y drama deportivo conviven en la selección, un dato relevante para cualquier plataforma o broadcaster que evalúe la cartera como pipeline de adquisición.
El programa combina formación virtual personalizada —tutores en actividad, capacitación en dirección, producción, guion, fotografía, arte, sonido y montaje— con una instancia presencial de alto perfil. La supervisión general está a cargo de Diego Ventura (Kapow) y Silvana D’Angelo (Glowstar Media).
Cada equipo recibió un apoyo económico de aproximadamente 4 millones de pesos argentinos para producir un trailer o teaser propio, una decisión que profesionaliza el material de venta desde el primer contacto con la industria. «Lleva a dar un paso más de profesionalización, para poder llegar de verdad de la manera más profesional, con un pitch, un pitch deck, un dossier, una carpeta importante, trabajada, sólida», señaló Desalvo.
El puente: first look ante la industria
El cierre del laboratorio tendrá dos fechas clave: una masterclass el 19 de agosto en las oficinas de Netflix y la jornada de pitch en formato first look el 20 de agosto en la Universidad de Torcuato Di Tella, con pasaje aéreo y hotel cubiertos para los 14 equipos de todo el país.
Entre los referentes confirmados figuran Pablo Culell (Underground), Vanessa Ragone (Haddock), Diego Ventura y Agustín Sacanell (Kapow), Karina Castellano y Helen Roca (Nativa), además de representantes de cámaras provinciales y del Fondo Netflix.
Sabrina Farji, vicepresidenta primera de la Academia, fue explícita en que Impulsar no busca capturar los proyectos dentro de un único circuito: se piensa como una plataforma de lanzamiento hacia festivales, plataformas y productoras independientes, no como una vía exclusiva hacia Netflix.
Lo que distingue a Impulsar de una convocatoria estándar es la explícita renuncia a repetirse. Sabrina Farji adelantó que una eventual segunda edición replanteará tanto las poblaciones destinatarias como el esquema de trabajo, en función de las necesidades cambiantes de la industria: «La idea no es repetirnos, sino al contrario, todos los años tener una búsqueda diferente que tenga relación con lo que la industria está necesitando».
En la misma línea, Ingercher enmarcó la iniciativa en el lema institucional de la Academia: “Somos cine, industria, cultura y comunidad”. La apuesta, dijo, también pasa por generar puentes intergeneracionales entre las duplas menores de 35 años y los profesionales de trayectoria que integran la institución. “Es muy interesante el agradecimiento mutuo que hubo, y el crecimiento hacia ambos lados”, destacó.
Más allá del laboratorio en sí, Impulsar funciona como una señal de época: un intento de la Academia y de Netflix por intervenir en el tramo más frágil de la cadena audiovisual, el desarrollo, y hacerlo con mirada federal, diversidad de géneros y conexión directa con los actores que pueden convertir una idea en producción.
Impulsar no es un gesto aislado. Se inscribe en un año en que Netflix celebra sus 15 años de operación en América Latina y refuerza, en simultáneo, su infraestructura física y su relato de marca en la región. En abril de 2026 la compañía inauguró oficinas propias en Villa Crespo, Buenos Aires, bajo el concepto «Hecho en Argentina», y anunció una batería de estrenos locales para 2026-2027 que incluye desde la serie sobre Moria Casán hasta la miniserie animada de Mafalda dirigida por Juan José Campanella.
En paralelo, Netflix multiplicó sus alianzas institucionales en la región: un acuerdo con CAF, banco de desarrollo de América Latina y el Caribe, para impulsar el sector audiovisual con foco en formación de talento e inclusión, y un vínculo de larga data con el BID, cuya coalición de habilidades del siglo XXI surgió tras estimarse que en 2019 se invirtieron cerca de US$5.700 millones en producción audiovisual en América Latina y el Caribe, generando más de 1,6 millones de empleos directos e indirectos.
Para ejecutivos de adquisición y desarrollo fuera de la región, Impulsar funciona como un termómetro temprano: es la primera exposición pública y curada de historias que en 12 a 24 meses podrían llegar a mercados como Ventana Sur, LA Screenings o NEM Dubrovnik ya con productor, trailer y dossier armado.
La combinación de siete miniseries junto a siete largometrajes también confirma que el desarrollo de formatos episódicos de bajo presupuesto sigue siendo, para las plataformas, una vía de entrada más económica al talento emergente que el largometraje tradicional.
El dato federal es igual de relevante como señal de mercado: para distribuidoras y estudios de localización que ya operan en la región, indica un desplazamiento del centro de gravedad creativo argentino más allá de Buenos Aires, con las implicaciones que eso tiene para incentivos fiscales provinciales, costos de producción y estrategias de casting regional.