La carrera por atraer producciones internacionales redefine la competencia: el porcentaje del incentivo abre la conversación, pero ¿qué factor permite cerrar los negocios?
En la carrera global por atraer rodajes internacionales, los incentivos fiscales pareciera que dejaron de tener el rol protagónico, o al menos ya no serían el factor decisivo. Los territorios iberoamericanos compiten hoy en una variable mucho más compleja y determinante: la capacidad de promover a sus países como sólidos hubs de producción que ofrezcan «certezas».
Durante años, el atractivo de un país se medía en porcentajes de cash rebate. Hoy, los ejecutivos que toman decisiones en Netflix, Amazon Prime Video o Warner Bros. Discovery priorizan otra cosa: previsibilidad regulatoria, tiempos de respuesta, cumplimiento en los pagos, eficiencia operativa y sobre todo, la solidez de la industria local.
El porcentaje del incentivo abre la conversación, pero lo que cierra el negocio es si el territorio puede cumplir lo que promete y a qué velocidad.
El cambio de paradigma es claro: ya no alcanza con ofrecer beneficios fiscales atractivos. Los territorios que están logrando posicionarse son aquellos que han construido un ecosistema integral que combina incentivos, talento, infraestructura y estabilidad.
La ecuación es cada vez más evidente: un incentivo alto sin garantías pierde valor frente a esquemas más modestos pero previsibles. Este cambio de lógica ha elevado el rol de las Film Commissions, que hoy funcionan como verdaderos «gestores de certeza», reduciendo fricciones y acompañando decisiones de inversión.
La creación de la red Iberofic marca un punto de inflexión. Se trata de una plataforma que agrupa a más de 150 Film Commissions y oficinas de rodaje de España, Portugal y América Latina, y que declara representar el 95% de los incentivos de la región. Su misión explícita es articular recursos como –rebates, créditos fiscales, facilidades de permisos– para atraer inversión internacional, pero también para fortalecer talento e industria local.
México ocupa un lugar particular en este mapa. Tradicionalmente, el país ha atraído rodajes internacionales, más por su músculo industrial que por la agresividad de sus incentivos. La Ciudad de México se ha posicionado como capital audiovisual de América Latina, con una combinación de estudios, rental houses, proveedores de postproducción y VFX, y crews capaces de sostener múltiples producciones premium en paralelo.
En 2026, México decidió dar un paso adicional y alinear su política de incentivos con esta realidad industrial. El gobierno federal anunció un nuevo estímulo fiscal de hasta el 30% del gasto realizado en territorio mexicano para producciones audiovisuales, aplicable contra el Impuesto sobre la Renta. El beneficio tiene un tope de 40 millones de pesos por proyecto y exige que una proporción significativa del gasto (en torno al 70%) se realice con empresas y servicios nacionales, lo que asegura un derrame directo sobre la industria local.
Sobre el caso particular de producir en México, ttvnews consultó a Mariano César, Head de Contenidos de Entretenimiento General de Warner Bros. Discovery en América Latina y US Hispanic, quien dijo que la decisión del territorio donde se rueda un proyecto está muy ligada a la infraestructura que este ofrece. «Tiene que ver con dónde nosotros podemos ser excelentes en lo que hacemos», dijo.
"México tiene un rol protagónico por su peso demográfico, por el tamaño de país como mercado. Porque puede haber países muy grandes, pero que quizás todavía no están preparados para abrazar el streaming y nosotros poder producir contenido ahí. Necesitamos la industria que está preparada y donde hay talentos. En el caso de México, todo se cumple. Porque realmente hay una larga tradición de creadores de contenido y un montón de nuevos creadores, talentos emergentes y una creatividad floreciente".
España es el ejemplo más claro de cómo un país iberoamericano puede usar los incentivos no solo para atraer rodajes, sino para reconfigurar su industria. El país ofrece un sistema de deducciones fiscales que permite recuperar alrededor del 30% del primer millón de euros invertidos y un 25% del resto, con esquemas reforzados en territorios como Navarra y, sobre todo, las Islas Canarias.
Canarias se ha consolidado como uno de los destinos más competitivos del mundo gracias a un incentivo que ronda el 50% para producciones internacionales, apoyado en un régimen fiscal especial (REF) y en una Film Commission muy activa. Estudios académicos y análisis económicos impulsados por la Spain Film Commission muestran que estos rebates generan efectos multiplicadores en empleo, PIB regional, turismo y transferencia de conocimiento, haciendo que el debate deje de ser «cuánto devolvemos» para pasar a «qué tipo de valor construimos con cada rodaje».
No por casualidad, Spain Film Commission es uno de los socios clave de Iberofic. El país se posiciona como puerta europea del hub iberoamericano y como referencia metodológica en medición de impacto y diseño de políticas basadas en datos.
En Sudamérica, Colombia ha apostado por una estrategia agresiva de incentivos para convertirse en socio recurrente de grandes producciones internacionales. El programa CINA (Certificado de Inversión Audiovisual en Colombia) otorga créditos tributarios del 35% sobre el gasto de servicios audiovisuales en el país, aplicables a cine, series, animación, publicidad y videojuegos.
La persona que convirtió ese marco legal en una estrategia de atracción internacional es Claudia Triana, directora de Proimágenes Colombia. Bajo su gestión, el país pasó de recibir alrededor de seis postulaciones anuales al Fondo Fílmico Colombia (FFC) entre 2012 y 2020, a más de treinta proyectos seleccionados en 2024.
El argumento que Proimágenes llevó al mundo se sostiene en números concretos: más de 18 proyectos con Sony y 29 con Netflix, según datos de la institución. Allí se pone a prueba que no es solo un tema fiscal, es operativo: equipos técnicos calificados, certeza jurídica, logística comprobada.
En declaraciones a los medios, Triana mencionó que las productoras que ya han ido a Colombia quieren repetir y ese ha sido el éxito. También precisó que rodar en Colombia puede resultar entre un 30% y un 40% más económico que en México o Brasil, una ventaja que las majors y las plataformas ya incorporaron en sus análisis de viabilidad
Uruguay no compite en volumen con Colombia ni con España. Su estrategia, articulada desde el Instituto del Cine y Audiovisual del Uruguay (ICAU), apunta a un segmento diferente: productoras internacionales que valoran la agilidad, la previsibilidad operativa y la ausencia de fricción burocrática por encima del tamaño del mercado local.
El modelo uruguayo funciona como una propuesta boutique: incentivos claros, cumplimiento riguroso, equipos de escala manejable pero de alta calificación. Producciones internacionales como Conquest eligieron Uruguay precisamente por esa combinación. No es un territorio para megaproducciones, pero sí para proyectos que necesitan certeza de ejecución y un interlocutor institucional confiable.
En este contexto, Argentina representa uno de los casos más paradigmáticos de la región. Con una reconocida capacidad creativa y técnica: dos Premios Oscar, 19 Premios Goya en la categoría Iberoamericana desde 1987, el país ha sido históricamente un semillero de talento y contenido de calidad internacional.
Sin embargo, el territorio argentino enfrenta desafíos estructurales severos en términos de incentivos y previsibilidad. El INCAA no aprobó ninguna película nacional en 2024, el primer año sin aprobaciones desde su creación en 1968. Las películas argentinas, que representaban el 10% de la taquilla nacional, cayeron al 2%.
El trabajo de la Buenos Aires Film Commission, que opera el programa BA Producción Internacional con un cash rebate del 20% para rodajes en la Ciudad, refleja el esfuerzo por sostener el posicionamiento del territorio en el circuito global. La iniciativa, que en su primera edición seleccionó 12 producciones asociadas a socios como Netflix, Amazon Prime Video y Buena Vista International, muestra que hay capacidad institucional y demanda real.
El contraste es elocuente: mientras la Film Commission avanza en articulación regional, el marco nacional de fomento está paralizado. Y en este negocio, la falta de coherencia entre los niveles de política audiovisual tiene un costo concreto que los productores internacionales incorporan en sus decisiones.
En la industria audiovisual global, ya no gana quien ofrece más, sino quien ofrece mejor. Los territorios que lo entendieron antes llevan años de ventaja. Los que todavía creen que tener buenas locaciones alcanza están compitiendo en un tablero diferente al de sus pares.
Porque detrás de cada rodaje internacional no solo hay un incentivo fiscal: hay una promesa de ejecución, tiempo, calidad y dinero. Y en un negocio donde cada día de rodaje cuenta, esa promesa -cuando se convierte en certeza- es el activo más valioso que un territorio puede ofrecer.